Comentarios Comentario sobre La Tercera Mañana

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En ocasiones, cuando visito una librería, me aventuro a comprar un texto sin conocer al autor. He sufrido múltiples decepciones, pero de vez en cuando me encuentro un escritor que me graba en el recuerdo un relato y me incita a buscar el resto de su obra.

La semana pasada me encontré uno así. Perdida entre los estantes de Borders, buscando un libro para un regalo, me encontré frente a una novela corta que me cautivó con el título: La tercera mañana. Me pareció que algo especial e insólito ocurriría en la tercera mañana de esta nouvelle cuya portada consiste de una fotografía, de 1949, del fotógrafo Gjon Mili, en la que vemos a un grupo de amigos bohemios que comparten en una mesa de esquina que tiene entre los dibujos de la pared una imagen de una chica a la que dos hombres miran cuando el viento le ha levantado la falda y ha dejado al descubierto su trasero. Bajo esa imagen lee: Quand le vent s’en mele…? Tomé el libro en mis manos, leí la contraportada, lo compré y me lo llevé.

Ha sido una lectura cómoda y agradable, de esas que fluyen sin interrupciones, con un lenguaje sencillo. El autor, Edgardo Cozarinsky, argentino, comienza el texto en primera persona y nos presenta a un narrador que se abre espontáneamente a contarnos una aventura de su adolescencia cuando tenía 13 años y, tras mentirle a sus padres, consiguió quedarse sólo en su casa para hacer lo que cualquier adolescente ambiciona, lanzarse a la calle a ver y participar en la vida nocturna. En esas horas de expedición se expone al alcohol, al sexo, a la conducta del que ama con la ilusión de ser correspondido, a la realidad de ser objeto de uso y abandono, a la vejez en soledad y a la muerte.

El detalle que me hará recordar este texto para siempre está en la facilidad con la que el narrador en primera persona se traslada a ser narrador en tercera persona para dejarnos saber que: El chico que yo era asintió sin una palabra. […] Él habló por primera vez para decirle que se llamaba Víctor. A partir de estos segmentos conoceremos la vida de Víctor, que en una etapa de su juventud temprana, y ya lejos de la adolescencia, optaría por llamarse Pablo con la ilusión de ser otra persona. La soledad que acompaña a nuestro personaje es evidente, pero no esperamos otra cosa de él. Esta distanciado del mundo y lo mira por el ojo de una cámara. Este recurso provoca el análisis de la situación sicológica del personaje-narrador en la búsqueda para comprender al chico y al joven que una vez fue.

Cuando llega la tercera mañana, en la tercera edad, queremos creer que Víctor se ha encontrado y es capaz de ser, pero la acción nos descubre que lo más importante para él es perpetuar a Víctor, o a Pablo que da igual, para siempre.

Al final comprenderemos que aquella aventura a la que osadamente se entregó a los 13 años fue un oráculo de su vida futura.

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