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Invisible

Comencé a leer Invisible hace bastante tiempo, probablemente más de un año. La puse a reposar en la biblioteca mientras terminaba otras lecturas y hace unos días la encontré y la retomé. Leer a Paul Auster me recordó a Milan Kundera, probablemente por el existencialismo que se perfila en su obra, pero no son iguales. Auster es más osado, más moderno; salpica su novela de toques cinematográficos: un ex agente de la CIA que vive en caserón aislado a la orilla del mar parece un dato sacado de una película de James Bond. Sin embargo, la imagen de la mujer que lucha sola con su hija y aspira a que un hombre en buena posición económica la socorra, me trae a la memoria Crimen y castigo, de Fyodor Dostoyevsky

Dentro de una interacción de imágenes, de tiempos y de narradores Auster nos presenta la historia de un hombre maduro, Adam Walker, que cercano a lo inevitable decide narrar un año de su vida, 1967. A pesar de tener una preparación académica que debía facultarlo para escribir esa narración decide enviarle el escrito a un amigo de la universidad que se ha tornado famoso por sus textos para que este lo ayude en el proceso de edición. Asistido por él, nuestro narrador principal se entrega a relatar su historia. Después de presentar el primer capítulo, narrado en primera persona, se encuentra atascado en la redacción. Es aquí cuando su amigo editor le señala que al escribir en primera persona se torna “invisible” a sí mismo y le sugiere que cambié de voz narrativa. Por ello cambia en los capítulos subsiguientes a utilizar la segunda y la tercera persona.

Invisible nos ofrece una propuesta erótica perturbadora que burla todos los cánones morales, cristianos y civilizados, y nos encara con la incomodidad de ser testigos. Es ahí donde se prueba esta oferta, porque no creo que se le hubiera dado a cualquier escritor el lograr esta fase narrativa sin que abandonáramos la lectura. Probablemente a cualquier otro le hubiéramos cerrado el libro al llegar a ese punto.

Auster no nos deja hilos sueltos. Al terminar la lectura sabremos qué ocurrió en la vida de Adam y de aquellos que interactuaron con él, durante, antes y después de 1967; enmarcado en un formato de primavera, verano y otoño que cierra con el invierno de otro de los personajes.

En esta propuesta literaria nos encaramos a la posibilidad de lo imposible y a la aceptación de lo inaceptable, cuando todo lo demás se ha eliminado y las excusas se presentan como argumentos lógicos que derriban los formatos morales creados a favor de justicias no escritas y de reclamos de naturaleza primitivos.