Con la tinta desplazamos el calor y humedecemos los labios,
sangramos amor,
abrimos fortalezas y cerramos universos.
Brota de la masa viva la tinta transformada en arrullo,
en brasa sicalíptica,
en sifón embriagador o en espada que sana la herida.
A veces… se escupe sin pensamiento.
Es la tinta que se pierde en la intención y nos marca, nos amarra…
nos obliga a retirarnos al mundo parco del silencio;
en él, otra tinta espera para brotar con la llave que mitigue y transforme el dolor para siempre,
con la semilla que germine el laurel en el desierto.
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